En torno al quehacer y la palabra

A todos aquellos que no han perdido la curiosidad

1

Debo haberlo descubierto en una biblioteca. Era hora de dar un paso adelante. Si bien mi tesis abordaba un texto literario también abordaba un concepto historiográfico. Esta revelación me abría el camino para desarrollar un estudio interdisciplinario.

2

Durante un taller de iniciación actoral debí aplicar un ejercicio de habla y escucha con una chica. Había que saber lo más posible de nuestro interlocutor para, después, presentarlo ante los demás. Me llamo X, tengo veintitantos años, vivo en Y, bailo en el taller de Z y estudio Historia en la Universidad Católica. Qué bien… Estoy seguro de que ella notó mi ligero gesto de concesión.

3

Una historiadora me contó que San Martín de Porres era un distrito de origen delincuencial. No puedo recordar alguna comisión en la que se me haya encargado visitarlo. Pero dudo de que en cien comisiones hubiese obtenido esa información. “San Martín de Porres es un distrito de origen delincuencial”. Estoy seguro de que si un tabloide se mandara con ese titular no tendría competencia en los kioscos más hediondos de la jurisdicción.

4

El compendio debe haber sido deshojado. Las páginas de la enciclopedia, ensuciadas. Los demás libros deben haber permanecido intactos, impecables, muertos… como el que no ha tocado o pecado o vivido: como todo libro cerrado.

5

Más del cuarenta por ciento de los libros que cité para mi tesis pertenecen a la Historiografía. Sin embargo, mi trabajo era de Literatura…

6

Escuché el apellido Kapuściński el año de 1997 o 1998. Kapuściński era un periodista polaco que había salvado el pellejo después de haber sido enviado al paredón durante alguna comisión. Y durante otra. Y durante otra… Existe una aureola de reverencia por Ryszard Kapuściński que ha trascendido el tiempo y el espacio. Pero cuando se le ha entrevistado, la cara de Kapuściński ha sido siempre la de un niño sorprendido.

7

Ryszard Kapuściński se graduó en Historia en la Universidad de Varsovia.

8

Cuántas veces he intentado recordar el nombre de esa estudiante. Solo recuerdo el tema de su tesis: el gobierno de Velasco. No aparentaba el estereotipo de chica de clase media baja. ¿Qué querría comprender acerca de un régimen que algunos apellidos no perdonan? Pero, si bien, a mí su relato me había parecido meramente interesante, a ella, en cambio, las palabras Literatura, Rimbaud y San Marcos parecieron haberle despertado una genuina simpatía.

9

Hace un año envié a un periódico un artículo que abordaba el caso clínico de un parafílico. Se trataba de un NN así que, para sustentar su veracidad, incluí el nombre de los sanatorios que lo acogieron, fragmentos de las historias clínicas en las que se detallaba el éxito o fracaso de los tratamientos y entrevistas a los terapeutas que lo atendieron. Me pareció suficientemente documentado; sin embargo el artículo fue rechazado a través de una respuesta sorprendetemente pobre.

10

Toda fuente histórica miente, dicen los historiadores. El hecho de que sean ellos mismos quienes lo confiesen los llena de honestidad. Por eso no temo leerlos. Por eso los leo.

11

Después de quince años me reencontré con un amigo que hoy es jefe en una agencia de noticias. Le conté la historia del artículo fallido y no ocultó su interés: “Aquí hay una historia…”. Sin embargo, diariamente se cocina en mi cabeza la posibilidad de trasformar el hecho fáctico en producto de la ficción. ¿Quién le abrirá las puertas a esa historia, el Periodismo o la Literatura? ¡Es lo mismo!, diría Gabo. Yo discrepo.

12

Una primera carrera cuyo rigor no me satisfizo. Una segunda emprendida en la busca del rigor. ¿Por qué no estudiar la maestría en la primera o en la segunda? ¡Por qué has elegido estudiar Historia! Ese ha sido el grito de un par de caras desencantadas. Y mi conciencia ha respondido serena y silente: por curiosidad.

13

María Rostworowski nunca pudo ejercer la docencia porque su educación autodidacta no podía ser acreditada. No tenía los grados que se requerían para ser contratada como docente en ninguna universidad. A María Rostworowski se le cerraron las puertas para enseñar. Solo una quedo abierta: la de la investigación.

14

Hace once años que ejerzo la cátedra universitaria y ocho que no ejerzo el Periodismo. La cátedra me gusta, pero más me gusta el Periodismo; más me gusta la calle que el salón, la revelación de lo oculto que la presentación de lo evidente. Aunque existe un tipo de docente al que lo moviliza la curiosidad: a ese docente se le denomina docente-investigador.

15

Le preguntaron a Ryszard Kapuściński por qué aún, siendo viejo, ejercía el oficio: “Yo creo que se debe a la curiosidad. La gente que pierde esta fascinación deja de ser periodista”.

16

Casi todas las experiencias periodísticas que he vivido han sido dramáticas. De todos y cada uno de esos medios masivos me fui con una herida. Quizá la más intensa haya sido la de trabajar en un medio de oposición durante un régimen criminal. La de descubrir que éramos objeto de interceptación, interferencias durante la trasmisión del programa o la infiltración de un agente del SIE. Pero, en general, la indigencia del ambiente periodístico terminaba por arrojarme, sin comisión que cubrir, literalmente a la calle.

17

Cuando me enteré de la muerte de María Rostworowski giré y vi en mi librero sus textos cerrados. No lo lamenté tanto. María Rostworowski había decidido abandonar Europa y hasta divorciarse por una razón muy simple: defender su curiosidad. Por eso la admiro. Por eso la siento cercana, viva.

18

¿En qué lugar del planeta se encontrará la chica del taller? Seguramente, movida por la curiosidad, debe estar sospechando de sus nuevos hallazgos para su próximo trabajo. Debe, quizá, estar aproximándose a la verdad y satisfacer parcialmente su curiosidad. ¿Se imaginan ustedes si descubriésemos toda la verdad? ¿Qué haríamos con eso?

19

Si alguien me hubiese visto llegar a mi primera clase de la maestría por Dios santo… Si alguien lo hubiese hecho, hasta Dios, habría sido herido por mi luz.

20

La tecnología nos está rescatando a los periodistas que nos estábamos aproximando de manera prematura al cementerio de elefantes. Pero quizá eso no sea lo más importante. Lo más importante es que esta opción le brinda a los estudiantes evadir el camino denigrante que algunos tuvimos que atravesar para aprender algo de este oficio. Eso, como diría Sábato: ¡Nunca más!

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