Mudanzas

Cada mudanza tiene sus particularidades…

Pero todas implican la sensación de cierta pérdida y cierta ganancia. No todas son dolorosas pero todas son necesarias. La primera, la de la casa paterna, es por lo general difícil; cuando no, tardía. Esa última noche en la que los objetos de la reacia habitación cobraron vida y emitieron un concierto tan abrumador que despertó una inevitable pena. Mudanzas posteriores suelen emprenderse por motivos menos contundentes: una crisis financiera, la insoportable relación con el arrendador o el encallado recuerdo de un amor. Esa mañana en la que la tarea de empacar sacó de su escondite un cabello, un carmín o la obscena huella de una batalla casi placentera. Otras mudanzas parecen estar acompañadas por la luz del mediodía: cada esquina inexplorada del nuevo lugar despierta esa curiosidad que habíamos enterrado en algún lado. Una nueva mudanza remueve siempre la entraña de nuestra penúltima partida. Mudanzas… cada una implica pérdida y ganancia, como toda negociación sostenible en el tiempo.

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